EDITORIAL
Los partidos opositores al Revolucionario Institucional (PRI) empiezan a mostrar su desesperación y sus malas mañas ahora que se adelanta el periodo electoral. Los golpes bajos y el golpeteo político están a la orden del día; lo malo es que no juegan limpio y con la pretensión de debilitar al tricolor y dejar en entredicho el trabajo de un gobierno que sabe responder a las principales demandas sociales, denostan el trabajo de los funcionarios, como es el caso de Gabriel Mendicuti Loría, secretario de Desarrollo Agropecuario, Rural e Indígena (Sedari), a quien falsamente acusaron de haber sido detenido por agentes de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo),
por un asunto que tenía que ver con la adjudicación de la ampliación de la cárcel de Cancún. Aunque la verdad salió a relucir, ya que el funcionario estatal -ex presidente municipal de Solidaridad y ex secretario de Infraestructura y Transporte- demostró que en realidad estaba en gira de trabajo por la zona maya, en un área en la que la comunicación vía celular estaba suspendida, por lo que sabiendo, esto, hábilmente los seguidores de quien pretende ser candidato a la gubernatura de Quintana Roo se encargan de difundir una falsa noticia, que si bien armó revuelo e inquietud, finalmente fue desmentida, lo que generó un desencanto entre la sociedad, al darse cuenta de que un partido (que busca mega aliarse con el PAN) es capaz del juego más ruin con tal de conseguir su propósito.
De todos es conocido el trabajo limpio de Mendicuti Loría, por lo tanto, los dardos de la oposición no iban dirigidos expresamente a él, ni a la forma en que realiza su trabajo, sino miembros de su gabinete.
Este “borregazo” no le funcionó a los fanáticos de ese partido y por el contrario, les restó seriedad, porque con su forma de actuar demostraron que son capaces de las peores bajezas en su loco afán por que uno de sus miembros (que por cierto, luego de ocupar la presidencia municipal de Benito Juárez renegó del mismo partido que lo llevó al poder) sea cuando menos el candidato para la gubernatura, dada la falta de cuadros políticos entre sus militantes más antiguos y que han sido testigos de la forma en que su partido se viene desmoronando y cayendo en pedazos, dada la inexperiencia de sus dirigentes.
Podría creerse que este partido cada día más despedazado quiere realmente servir a Quintana Roo, pero un análisis superficial deja entrever que su verdadera intención es ocupar el más alto cargo en el estado para seguir haciendo daño y seguir manchando la imagen de quienes en verdad gobiernan bien y no precisamente para un partido, sino para toda la sociedad quintanarroense.
Ahora que se avecinan las elecciones, sería sano que la ciudadanía analice su voto y no deposite su confianza en partidos que sólo viven del engaño, la falsedad y la hipocresía, cuyos militantes, invadidos por la desesperación al perder credibilidad, se aferran a quien creen que puede tener altas posibilidades de triunfar en el próximo proceso electoral, pasando por alto que quien hoy pretende abanderar las causas izquierdistas, es quien dijo que no llegó al cargo por ese partido, sino por méritos propios y que de hecho, se alejaría para siempre de ese instituto político que hoy, sin la menor vergüenza, nuevamente le da cobijo para contender por la gubernatura.
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